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Boletín N°21: “¿Quién tiene a quién?”

¿Cuántos tienen a Cristo aquí? A ver, que levanten la mano, dice el líder, el predicador o pastor dirigiendo su voz a las personas presentes en un evento, y muchas son las manos que efusivamente se levantan con ardiente entusiasmo.

¿Cuántos dan la gloria a Dios y que son capaces de dar un aplauso al Señor? arremete nuevamente, como si a través de esa súbita encuesta colectiva se distinguiera la verdadera calidad de la vida de un cristiano y, se oye un fuerte murmullo de aprobación emocional colectiva en medio de palmadas y gritos. Pero realmente, ¿cuántos de los que están allí sirven al Señor de verdad?

 
En la actualidad se predica muy poco acerca de la santidad, requisito de exclusión para la vida eterna, y su importancia fundamental para la vida cristiana. La doctrina de la santidad y todo lo que implica, es una de las más esenciales prácticas que debiera aplicarse a la vida diaria del creyente. ¿Cómo algo tan fundamental para la vida cristiana auténtica ha llegado a ser tan descuidada tanto en la práctica como en los mensajes desde el púlpito?

Volvamos nuevamente al evento inicial, la reunión dominical, el culto de acción de gracias, el aniversario, el concierto, ¿cuántos tienen a Cristo aquí?, como si por el simple hecho de ratificarlo públicamente estuviera todo en regla. La verdadera pregunta a realizar no es esa sino esta: ¿A cuántos de los que están aquí tiene el Señor? Si realmente hubiera allí algunos, estos debieran estar siendo guiados de la única manera que lo puede ser un hijo de Dios.

 

Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, los tales son hijos de Dios. (Romanos 8:13b) y ¿por qué esto debe ser así? Porque nuestro Señor fue guiado así; Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. 2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, entonces tuvo hambre (Mateo 4:1). Cuando el cristiano anda guiado por el Espíritu anda bajo el control del Padre, en su obras y propósitos. Si andamos por las nuestras, no andamos guiados por el Espíritu. ¿Cuál fue siempre la máxima motivación de Cristo?

 
¿Te tiene Cristo a ti o más bien tú tienes a Cristo? ¿Es posible que Cristo tenga a algún creyente bajo su dirección sin la necesaria santidad y a la vez que este sea guiado por el Espíritu para que ande en la obras del Padre? Algo así sería incompatible de acuerdo a lo que nos dicen las Escrituras. Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Hebreos 12:14). O sea que para ver a Cristo hoy o mañana debo seguir la santidad permanentemente.

 
No es tan simple la cosa entonces al parecer, no bastaría con decir yo tengo a Cristo y con eso estoy listo sino que hay algo mucho más determinante que decidir. Aquello que nos puede poner dentro o fuera del reino de los cielos para siempre. La práctica de la santidad.
¿Te tiene Cristo a ti?

Un fuerte abrazo y que el Señor te bendiga.
Oscar Fuenzalida Torres.

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