Boletín N°16: La propiedad del poder

Hoy vivimos un momento muy particular en la historia de la humanidad. Es una época que resalta los valores de la competitividad individual por sobre la iniciativas de la asociación colectiva. Vivencia donde lo que el otro haga importa poco, al menos que su accionar alcance nuestros intereses particulares o beneficie nuestras aspiraciones. Nos desenvolvemos bajo el emprendimiento de valores culturales de autopropulsión que resaltan por sobre todas las cosas el poder del conocimiento. Un tiempo que no solo ha afectado a instituciones que tradicionalmente se caracterizaban por su labor asociada, altruista y desinteresada sino, que también ha permeado el accionar de la iglesia en tanto institución que en su esencia debiera ser un solo cuerpo articulado y funcionando armónicamente. ¿Se imagina usted algún miembro de nuestro cuerpo físico actuando aisladamente dislocado del organismo? Es como si un pie anduviera por allí y metros mas allá hubiera un brazo abriendo y cerrando la mano. Se vería bastante raro ¿cierto? Creo que todos compartiríamos el asombro.

 

competitividad

Permítame citar el siguiente pasaje bíblico donde podemos enterarnos de un hecho bastante singular:

Lucas 9:49-50

49Y respondiendo Juan, dijo: Maestro, vimos a uno echando fuera demonios en tu nombre, y tratamos de impedírselo porque no anda con nosotros. 50Pero Jesús le dijo: No se lo impidáis; porque el que no está contra vosotros, está con vosotros.

¿Qué vemos aquí?

La asombrosa realidad relatada en este pasaje nos deja ver un miembro del cuerpo de Cristo, echando fuera demonios, actuando con mucho poder y excelentes resultados, al parecer por cuenta propia, alejado de los que andaban con el Mesías y por otro lado observamos el hecho de cómo esto toma por sorpresa al discípulo de Jesús. Tal vez Juan pensó que solo los que seguían a su maestro físicamente o compartían cercanamente a El, como el lo hacia, tenían el derecho y poder de andar en Su nombre y los otros no.

¿Cuántas veces nos pasa que creemos ser poseedores de la verdad y nos negamos a aceptar que otros hermanos que no son de nuestra iglesia o movimiento puedan ministrar?

¿Cuántas veces hacemos a un lado a algún hermano porque tiene mas dones en el Señor que nosotros mismos y tratamos de impedirle su accionar?

El cuerpo de Cristo es uno solo y lo dirige nuestro Señor Jesucristo, quien es su cabeza. A El sea toda la honra y toda gloria por siempre. Solo El puede poner a quien quiera bajo su poder y entregarle herramientas sobrenaturales con los propósitos que El estime apropiados. Aprendamos a aceptar con humildad queridos amigos, que no son siempre los que andan con nosotros los únicos que pueden ministrar en su nombre, el amor de Dios es amplio y extenso, profundo y sublime. No nos engañemos creyendo que son los títulos entregados por los hombres de este mundo, ni los estatutos eclesiásticos, ni el saber de la realidad humana, ni las tradiciones, ni la cultura, ni el manejo de la teología, ni nada hecho por manos mortales lo que nos habilita para hacer en la forma debida y correcta la obra de Dios sino el poder de su Santo Espíritu obrando en nosotros que actúa para liberar, desatar, sanar,.soltar a los cautivos y esclavos del adversario para traerlos a vida eterna tal como un día usted y yo fuimos alcanzados por El.

Saludos cordiales y que Dios te bendiga.
Oscar Eduardo Fuenzalida Torres

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