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Boletín N°13: “Con nuestro Padre, con Jesús el Cristo y entre nosotros”

Les saludo nuevamente en el poderoso nombre de nuestro Señor Jesucristo.  Luego de transcurrido un ciclo de doce boletines retomaré los párrafos escritos  en la introducción de nuestra confesión de fe y desarrollo del comisionado. 

Con el propósito de ahondar sobre este tema y que tienen que ver con la propuesta que Dios nos hace en palabras de nuestro Señor Jesucristo respecto a la unidad.

Se ha comprobado que en los momentos más difíciles de la vida de una persona,  esta suele valorar las cosas importantes que pudieron haberle ocurrido, más aun cuando es su propia vida la que está en juego, por lo que, estas profundas palabras dichas por nuestro Señor Jesucristo cobran mucho más relevancia en el contexto en el que el las pronunció y que están escritas en el Nuevo Testamento, en el evangelio según San Juan, en el capitulo 17 versículos del 21 al 23 y que refiriéndose a un anhelo importante de Dios habla a sus discípulos diciendo;

Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado“.

      Estas Palabras son sólo un extracto de la oración que nuestro Señor Jesucristo dirigió al Padre por la unidad de los cristianos en la víspera de su crucifixión. Todo este capítulo nos revela lo que hay en el centro de la voluntad de Dios, del profundo amor y cuidado que el Señor tiene por los suyos, y de su ferviente deseo de ver a los cristianos unidos en amor, bajo un mismo estandarte y combatiendo por la misma causa. En este trozo de Escritura Dios nos revela los requisitos que esta unidad contempla; es decir, El nos enseña el tipo de unidad que desea ver entre sus discípulos, el criterio o norma para lograr esta unidad, el propósito de ella, y el medio donde debe llevarse a cabo.

Muchas veces tal vez nos preguntamos ¿de qué manera podemos mostrar al mundo, aparte de nuestro testimonio de conversión personal y los frutos que ello implica, que Dios existe y es verdadero? Nos esforzamos por ser fieles al Señor y por llevar a cabo distintas estrategias de predicación de su Palabra con el propósito cierto que las almas acepten el evangelio. Estudiamos y profundizamos, hacemos obras sociales, nos comprometemos con muchas cosas, trabajamos en la iglesia, leemos libros especializados, consultamos con nuestros hermanos y la respuesta parece no llegar. Es cierto que todas esas cosas contribuyen bien y en parte sin embargo, lo principal se estaría dejando afuera.

Para nuestra gran sorpresa, el citado pasaje bíblico nos entrega la respuesta exacta. Nos dice con rigurosa precisión que el mundo ciertamente creerá pero, que esa certeza dependerá de algo; que los creyentes sean uno con su Señor y uno entre ellos. Dice que lo que El entrega o proporciona a sus discípulos para que ese propósito se realice es la gloria que su Padre le dio. Nos habla diciendo que la perfección en la unidad permitirá que el mundo, a quien nosotros siempre anhelamos alcanzar para Cristo, lo conozca.

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¿Cómo está la unidad por estos días en el pueblo de Dios?

Muchas de las promesas que Dios nos ha dejado para que vivamos más plenamente nuestras vidas como creyentes y para que alcancemos con poder a los que aun no le conocen, se sostienen en el cumplimiento de vernos siempre unidos trabajando en su obra. Y esa es nuestra invitación.

Dejando de lado los sectarismos y divisiones, los menosprecios competitivos, las diferencias teológicas, los orgullos institucionales, las arrogancias misionales, los muros de la indiferencia que nos dividen, avancemos  con paso firme arremetiendo contra todo tipo de divisionismo y estilos rupturistas. Sepamos ser uno en la pluralidad, no tenemos que ser todos iguales pero siendo distintos aprendamos a ser perfectos en unidad.

 

Saludos cordiales y que Dios te bendiga.

Oscar Eduardo Fuenzalida Torres

Te dejamos cordialmente invitado a que nos envíes tus comentarios sobre este artículo escribiéndonos a: contacto@ccunp.cl

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