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Boletín Nº3 Febrero: Vida responsable en el Cuerpo de Cristo

Efesios 4: 7-16

Estimados hermanos y amigos.

Les saludo nuevamente en el poderoso nombre de nuestro Señor Jesucristo esperando que el boletín 2 haya sido de bendición para todos. Hoy les compartiré acerca de la diferencia que hay entre tener una habilidad o un don.

Por estos días la televisión abierta, principal medio de entretención de la población mundial, desarrolla con mucho interés atractivos programas de entretención familiar. Aquí en Chile y con no poca audiencia hemos tenidos algunos tales como; “mi nombre es”, “factor X” etc., para mostrarnos a individuos que destacan por realizar cosas asombrosas. En ese sentido estamos hablando de gente con aptitudes naturales o adquiridas poseedoras de un gran talento, quienes sin lugar a dudas por ser parte nuestra nos hacen sentir muy bien cuando los vemos actuar, a mi particularmente me gusta mucho estas competencias en el genero musical.

Amigo y hermano permítame hacerle una pregunta: ¿Don y talento son lo mismo para la edificación de la vida de iglesia?

Un talento puede ser una característica en la personalidad de alguien que lo distingue de otro pero que no necesariamente tenga propósito para la edificación del cuerpo de Cristo y que pudo haber sido dotada por Dios pero para fines naturales, por ejemplo una habilidad deportiva. Como creyentes al hablar de un don, nos referimos a una dádiva, presente o regalo que viene del exterior hacia una persona, alguien que ha recibido de parte de Dios una gracia especial para hacer una cosa con el propósito predeterminado de perfeccionar en el cuerpo de Cristo, por ejemplo el don de servir o el de enseñanza entre muchos otros.

Cuando damos a los demás el nombre de “miembros de la iglesia”, generalmente queremos decir algo distinto de cualquier cosa que se encuentra en el Nuevo Testamento. Por lo general, queremos decir que sus nombres están en el registro de la iglesia. Esto puede ser lo único que les distingue como miembros. Muchos de ellos nunca se reúnen para adorar con sus hermanos cristianos ni comparten la responsabilidad de sostener el ministerio de la iglesia. Pero si se les pregunta por su relación eclesiástica, afirman que son miembros de la iglesia.

Pero, en los escritos de Pablo, un miembro de la iglesia era una parte del cuerpo en funcionamiento. Eso es lo que hacia que una persona fuera miembro. El cristiano era una parte del nuevo pueblo de Dios, de la manera que un brazo o una pierna está unido al cuerpo para ayudarle a funcionar.

Pablo no concebía, ni podía concebir, a un individuo cristiano fuera de la relación en la iglesia. Sus palabras de advertencia siempre eran dirigidas a creyentes en el contexto de su relación con el cuerpo de Cristo. Cada miembro tenía responsabilidad. Todos son responsables los unos por los otros. Todos tienen la responsabilidad de contribuir a la función de todo el cuerpo, haciendo lo que se presume que harán como miembros.

En nuestro tiempo, nuestro concepto de dones y responsabilidades ha sido condicionado por nuestras rígidas formas eclesiásticas. En gran medida, damos por sentado que los ministerios oficiales de la iglesia tienen dones y son responsables de su uso. Sin embargo, muchos miembros parecen sentir que no tienen que tomar seriamente la cuestión de sus propios dones.

De acuerdo con la teología paulina, cada uno ha recibido un don para ser usado en el completamiento de la función del cuerpo. Si esto es verdad, entonces cada miembro debe preguntar seriamente: “¿Cuál es mi don?” Y habiéndolo descubierto, el cristiano tiene que ejercitarlo en una comunidad de amor para el bienestar de todo el cuerpo.

Saludos cordiales y que Dios te bendiga.
Oscar Eduardo Fuenzalida Torres

Te dejamos cordialmente invitado a que nos envíes tus comentarios sobre este tema escribiéndonos a: contacto@ccunp.cl

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