Amenazados por maleza invisible

Hoy vivimos en el contexto donde el lenguaje y la imagen están muy de moda, el primero como una potente herramienta comunicacional compuesta en su mayoría por palabras facilistas y generadoras de discursos aparentemente muy éticos y de gran profundidad.

Una suerte de manipulación maniaca proactiva para conseguir “logros” a como de lugar. Lo vemos a diario por ejemplo en los programas de televisión, donde en los espacios reservados para la entretención familiar tiene cabida todo tipo de jerga verborreante de personas que sin ninguna idoneidad moral ni ética tironean la conducta de otros y constituyen espontáneamente un cuerpo calificador de los actos ciudadanos.

Ellos  poseen una alta audiencia y no son pocos los hermanos ni pocas las empresas que invierten recursos y tiempo en atender sus espacios. Lo segundo es la complementación de lo primero ya que el “look” es importante ya que, como hoy se dice y se acepta, todo entra por la vista… y debemos saber dar una buena imagen, total una imagen habla más que mil palabras dicen algunos. Así es entonces, que hacia donde quiera que apuntemos la mirada, diarios, revistas, afiches, logos, anuncios, gigantografías, notamos la relevancia de la imagen instalada en el podium de los dioses de la modernidad. Ahora, si sumamos ambas cosas, vana palabrería mas imagen, obtenemos un tercer producto y, si miramos a nuestro alrededor y también al interior de nuestras iglesias veremos cuanta gente hoy en día se encuentran atrapadas en esta maleza invisible.

¿Se ha topado usted con algún hermano en Cristo que le dice que lo llamará por teléfono para tal o cual cosa o que le mandará un email y no lo hace?, ¿Se ha topado usted con algún pastor, líder  u oficial de la iglesia absolutamente muy bien vestido que se compromete de palabra y luego no cumple lo prometido? Es muy posible que su respuesta sea afirmativa ¿no es así? Ahora, no estamos hablando de estos incumplimientos casuales o involuntarios producto de las circunstancias sino más bien de aquellos que se hacen repetitivamente por supuesto y que naturalmente tampoco traen las disculpas necesarias. Este tipo de comportamientos éticos pasan a ser el caldo de cultivo propulsor para infectar relaciones, ellos van larvando a la iglesia por dentro hasta debilitar su fraternidad, porque asociados a ellos subyacen muchas decepciones, amarguras, desilusiones, desencantos y todo tipo de mal afectivo y emocional que provoca divisiones. Cabria preguntarse entonces ¿si lo hacemos con nuestros hermanos en Cristo lo haremos con los de afuera? Tal vez la respuesta pueda ser muy  sorprendente en contra de las buenas relaciones que debemos mantener entre hermanos, puesto que podría suceder que estemos siendo mucho mas cumplidores con nuestros amos terrenales y amistades del mundo que con nuestros propios hermanos en la fe.

Dios nos libre de este flagelo mimetizado que se ha venido a instalar como parte frecuente de nuestras relaciones sociales en nuestras iglesias y permítanos el Señor guiados por su Espíritu Santo que podamos revertir esta penosa situación que nos ha venido afectando cada día más en nuestras congregaciones y que tiene hoy por hoy a  una gran cantidad de hermanos heridos fuera del Camino.

En el amor de Cristo

Tu hermano Oscar.

Junio 2010

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