Para que todos seán uno

Para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado” (Juan 17:21-23).earthEstas Palabras son sólo un extracto de la oración que Jesucristo dirigió al Padre por la unidad de los cristianos en la víspera de su crucifixión. Todo este capítulo nos revela lo que hay en el corazón de Dios, del profundo amor y cuidado que el Señor tiene por los suyos, y de su ferviente deseo de ver a los cristianos unidos en amor, bajo un mismo estandarte y combatiendo por la misma causa. En este trozo de Escritura Dios nos revela los requisitos que esta unidad contempla; es decir, el nos enseña el tipo de unidad que desea ver entre sus discípulos, el criterio o norma para lograr esta unidad, el propósito de ella, y el medio donde debe llevarse a cabo.

EL TIPO DE UNIDAD: Bíblica

¿Qué clase de unidad es la que Dios espera de los suyos? Antes de responder esta pregunta se hace vitalmente necesario establecer qué clase de unidad es la que Cristo “no” desea. Cristo no oró por una unidad mística o espiritual en una iglesia universal invisible, sino que Él oró por una unidad visible y observable al mundo: “…para que el mundo conozca que tú me enviaste” (vers.23). Por lo tanto, la unidad que Dios desea ver entre los cristianos debe ser en praxis para que el mundo la pueda ver y así pueda creer al mensaje del evangelio. Cristo habla de una “perfecta unidad” tal como la que existe en el seno de la Trinidad, porque Él sabe que la solución para la incredulidad del mundo es una unidad distinguible en la verdad de su Palabra. En otro pasaje del Evangelio de San Juan, Cristo dice: “En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Juan 13:35). Cristo espera que el mundo conozca o sepa que somos de Él, y Él del Padre a través del testimonio unificado de los que profesan su Nombre. La gente nunca responderá masivamente al llamado del evangelio, si los cristianos primero no se unen. Por lo tanto, la unidad de la fe es una cuestión fundamental para que el propósito de esta oración tenga fiel cumplimiento.


Ahora bien, el apóstol Pablo nos expande la idea de unidad en su primera epístola a los Corintios, diciendo: “Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer” (1Corintios 1:10). Esta definición llena completamente los requisitos de la unidad que Cristo exige de los cristianos en su oración intercesora, y esta unidad, por lo que podemos ver en este versículo, exige uniformidad de doctrina, ausencia de discordia, y unanimidad de pensamiento. Estas son las condiciones que debe cumplir la unidad del pueblo de Dios en esta tierra para que el mundo pueda conocer y creer en el evangelio de Cristo. 

EL CRITERIO: La Palabra De Dios

La unidad que el Señor espera de los cristianos está condicionada a cierto criterio, y en la misma oración encontramos esta norma. Este criterio o norma para la unidad es la verdad: “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:17). La verdad es el criterio para llevar a cabo esta unidad, y ¿Qué es la verdad? Su Palabra es verdad. La unidad de los cristianos, de acuerdo con la voluntad de Dios, debe llevarse a cabo en torno a la infalible Palabra de Dios. Toda la actividad de la iglesia debe funcionar en torno a este estándar universal que es confiable para todos, pues es imperecedero en principios, impecable en justicia, e inmutable en verdad. Este es el único criterio objetivo y válido para todos los hombres en todo tiempo, pues Dios confirmó su Palabra con poderosas señales y prodigios, poniendo su firma en ella para que nadie dudara de la autenticidad y autoridad de su Palabra.


El pasaje dice: “Santifícalos en tu verdad”; es decir, sepáralos, apártalos, o distínguelos en tu verdad. Cristo espera que los suyos se distingan por su verdad; en otras palabras, que sean reconocibles a través de esta verdad, su Palabra. El vivir en la verdad es lo que hace la diferencia, y es lo que el mundo necesita ver para que pueda creer en Cristo para salvación, y todos aquellos que invocan el Nombre de Cristo deben seriamente considerar esta oración como algo muy querido por el Señor y debemos orientarnos para trabajar en esa dirección por amor de su Nombre: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”.

EL PROPÓSITO Para que Conozcan y Crean

Cristo ruega al Padre por la unidad de su pueblo con el propósito de que el mundo crea y conozca que Dios le envío a esta tierra, porque sólo a través de Cristo hay esperanza de vida eterna: “En ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos” (Hechos 4:12). Y es por esto que la unidad del pueblo de Dios en la Palabra es un asunto que debe estar encabezando la lista de las prioridades evangélicas. El poder evangelístico está en directa proporción con el grado de unidad que exista en el pueblo de Dios, y esto deja de manifiesto la gravedad y la urgencia del problema, porque mientras más tiempo nos tomemos en materializar esta unidad, más vidas humanas pasarán el umbral de la muerte sin Cristo. Y todo cristiano verdadero sabe lo que eso significa; por lo tanto, es apremiante que avancemos en esta delicada materia en obediencia al mandamiento de Cristo y por el bienestar de toda la humanidad.


La unidad del pueblo de Dios en la verdad es la única estrategia efectiva para ganarle definitivamente la guerra a Satanás, este es el único plan que podría llenar la tierra del conocimiento de Jehová para salvación de los millones que moran en ella, pero esta unidad debe obedecer los parámetros por Cristo establecidos en su oración intercesora; es decir, debe ser en torno a la Palabra para que testifique fielmente de su Nombre y para que la paz sea perdurable en el tiempo para la salvación de los hombres.

EL MEDIO: La Iglesia

Aunque Cristo no menciona la expresión iglesia o cuerpo en su oración, sí lo hace el apóstol Pablo en la mayoría de sus epístolas, y qué son las enseñanzas de Pablo, sino una extensión de la mente de Cristo. A través de Pablo, Cristo revela que es en el contexto de la iglesia en donde este tipo de unidad debe llevarse a cabo, y no sólo en las relaciones internas de la iglesia, sino en la interrelación que debe existir entre todas las iglesia del mismo tipo, para que el testimonio sea macizo con un alto grado de credibilidad en el mundo entero.


Pablo adopta la analogía de cuerpo de Cristo en sus epístolas para aplicarlo a la iglesia, por la sencilla razón de que sólo un cuerpo “humano” puede mostrar la unidad, cohesividad, y funcionalidad que debe existir en la iglesia, y cuando el mundo nos vea a todos los cristianos unidos en la verdad, lidiando las batallas de Dios bajo un solo estandarte, con un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un Dios y Padre de todos (Efesios 4:5), sólo entonces nuestro mensaje será escuchado.

 A mis amados en Cristo. 

Oscar E. Fuenzalida T.

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